Todos andaban mal por la zona del Yacuarebí. Y dicen que lo que pasó fue más o menos así.

Un día el zorro se levantó de mal humor. Tal vez porque sí nomás, tal vez porque hacía calor.

Iba pateando la tierra y por dentro se sentía en pie de guerra.

Estaba en eso cuando vio pasar a un perro mascando un hueso. Sin darle tiempo de saludar le gritó:

—¡Eh, perro! ¡Sos el más tonto del mundo!

Sin esperar ni un segundo se le tiró encima para descargar sobre él su mal humor y le dio una patada que por poco lo desmaya del dolor.

Cuando el perro se repuso, se sintió dominado por el enojo y con ganas de pelear con el primero que se le pusiera ante los ojos.

Justo en ese momento vio pasar a una liebre y la miró tan mal, que a la pobre casi le da fiebre.

—¡Eh, liebre! —le gritó—. ¡Sos la más idiota!—. Y le dio un golpe que estuvo cerca de dejarle la cabeza rota.

Cuando la liebre se recuperó, se sintió llena de furor. En ese momento vio pasar a un ratón.

—¡Eh, ratón! —exclamó—. ¡Sos tan tonto que más que tonto sos un tontón!

Y sin darle tiempo de contestar se le tiró encima y le dio un mordisco que estuvo a punto de dejarlo bizco.

Cuando el ratón se dio cuenta de lo sucedido, sintió una tremenda furia y un impulso ciego de descargarse con el primero al que le viera el pelo. El primero que pasó fue un cuis. Y sin pensarlo dos veces, le gritó:

—¡Eh cuis, sos el más estúpido de todo el país!

Después, el ratón le estampó un golpazo con la cola que lo dejó sin sentido por más de una hora.

En cuanto el cuis se pudo levantar se sintió de un humor terrible y con ganas de descargarse con cualquiera lo más pronto posible. Sucedió que pasó por allí una rana. Apenas la vio, el cuis le dijo:

—¡Eh, rana saltarina, sos lo más imbécil que vi en mi vida!

En un segundo se abalanzó sobre ella y le dio una paliza que le hizo ver las estrellas.

No bien la rana pudo volver a ponerse de pie estaba tan furibunda que al primero que viera lo iba a dejar más chato que una funda.

Entonces pasó por allí el zorro, que ya no tenía tanto mal humor aunque seguía haciendo bastante calor.

En cuanto la rana vio al zorro, sintió que sus fuerzas se multiplicaban por millones y le dio unos tremendos coscorrones.

Al zorro le volvió enseguida el mal humor, y un rato después volvió a patear al perro que se retorció de dolor. Más tarde el perro atacó a la liebre; la liebre, al ratón; el ratón, al cuis y el cuis a la rana.

Así se pasaron toda la mañana. Después, también la tarde. Mientras tanto el ánimo se les encendía cada vez más, como una fogata que arde y arde y arde.


Por la noche durmieron inquietos y nerviosos. Para cada uno los demás eran su enemigo, y les resultaba imposible descansar tranquilos.

Así estuvieron un tiempo. En sus cabezas había lugar para una sola idea: cómo estar siempre preparados para la pelea. No podían pensar en otra cosa, y ni hablar de disfrutar de alguna experiencia hermosa. Todos se insultaban, se pateaban, se golpeaban y se mordían donde se encontraran y a cualquier hora del día.

Fue entonces que una mañana sopló una brisa refrescante y llegó al lugar un mono que nadie había visto antes. Apareció frente al zorro justo cuando este andaba con ganas de descargar sobre alguien un fuerte mamporro.

Pero cuando el mono lo vio, no le dio tiempo de que lo atacara. Lo saludó con una sonrisa que le recorría toda la cara. El zorro se sintió paralizado por un gran desconcierto. Una sonrisa era algo que no veía hacía tiempo. Y en menos de lo que se tarda en decir "abracadabra" el mono empezó a soltar estas palabras:

Justo en el medio del campo
suspiraban dos tomates,
y en el suspiro decían:
¡hoy queremos tomar mate!

El zorro pasó del desconcierto al asombro y del asombro a la carcajada. Se reía tanto que tenía la expresión desencajada. Se imaginaba a los tomates con una bombilla y se reía como si alguien le hiciera cosquillas. Entonces el mono siguió:

Por el río Paraná
va nadando un surubí,
y mientras nada, comenta:
¡qué picante está el ají!

Las carcajadas del zorro eran tan grandes, que resonaban por todas partes. En pocos minutos llegaron el perro, la liebre, el ratón, el cuis y la rana, atraídos por el sonido de la risa, que hacía tanto tiempo no escuchaban. El mono siguió:

De las aves que bailan
me gusta el sapo,
porque deja la alfombra
toda hecha un trapo.

Entonces todos se largaron a reír, y rieron juntos durante todo un día hasta soltar toda la risa que hacía tiempo no reían.


Estaban de tan buen humor, que a nadie le importaba si hacía frío o hacía calor. Después inventaron entre todos muchas rimas del estilo de las que había dicho el mono. Y se les ocurrían tantas y tantas ideas, que no les quedó lugar para volver a imaginar una pelea.

Una noche sopló una brisa que venía de las estrellas, y el mono desapareció sin dejar huellas.



FIN


Del libro Cuentos con rima para los que se animan. Ediciones Abran Cancha, 2004.
Ilustracioness: Sara Sedran



Cuentos con rima para los que se animan - Adela Basch, Silvina Goldemberg, Carmen Martínez, Graciela Pérez Aguilar, Graciela Repún y Anahí Rossello
Tres astutos suricatos que huyen de un buitre hambriento, un caballero valiente llamado Julián, una chica rebelde que insiste en salir sola, unos animales de muy mal humor junto con un mono que ama las coplas, unos chicos que se divierten de lo lindo durante un apagón y un raro gato con la cola al revés son algunos de los personajes que viven en los cuentos de este libro. Hay animales que hablan y otros que no, hay personajes astutos y otros no tanto, pero todos, todos, todos, te harán morir de risa.
¿Qué mágico poder tiene la rima? ¿Por qué al leerla o escucharla las palabras suenan tan divertidas? Tal vez la lectura de este libro revele las claves de ese misterio. O tal vez siga siendo un enigma imposible de descifrar.


Visto y leído en:
- EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)
http://edaicvarela.blogspot.com.ar/2014/02/adela-basch.html
-Instituto de Formación Docente Continua de Villa Regina - Río Negro
http://ifdvregina.rng.infd.edu.ar/sitio/upload/Cuentos_segundo_a%F1o_2014.pdf

★ Créditos: Garabatos sin © (Adaptación de Plantillas Blogger) ★ Ilustración LEER ©Sofía Escamilla Sevilla

“La lectura abre las puertas del mundo que te atreves a imaginar"
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