Néstor Pasquini estaba tratando de dar sus primeros pasos como periodista. Hacía años que soñaba con desempeñarse en esa profesión, para la que estaba convencido de tener un talento innato. Y finalmente se le acaba de presentar una oportunidad. Después de llamar a muchas puertas y a muchos teléfonos, después de enviar muchas cartas y presentarse a muchas entrevistas, logró que un importante diario de su localidad le encargara que asistiera a un conferencia y presentara una reseña de las ideas expuestas por el disertante.

La conferencia estaba a cargo del Doctor José Sosgrandes, una eminencia en el campo de la filosofía y de un sólido prestigio ganado durante décadas de infatigable labor en el campo de las ideas.

Néstor Pasquini se sentía tan nervioso ante su primer trabajo, que la noche de la víspera no pudo pegar un ojo. Cada vez que estaba por dormirse se sobresaltaba y empezaba a pensar: “¿Qué me pongo para ir a hacer la nota, el traje azul o el traje marrón?” O si no: “¿Me dejo el bigote o me lo afeito?” O: “¿Llevo el grabador o tomo notas a mano?” Esas dudas lo acosaban de tal modo que le impidieron conciliar el sueño durante toda la noche.

Cuando llegó la hora de la conferencia, Néstor Pasquini apareció en la sala ojeroso y soñoliento, vestido con un saco azul y un pantalón marrón, con solo medio bigote, porque la otra mitad se la había afeitado y con un grabador al que le faltaban las pilas. Por suerte había decidido llevar también un anotador y una lapicera a la que todavía le quedaba algo, aunque no mucho, de tinta.

Apenas se sentó, el afamado Doctor José Sosgrandes comenzó a delinear los conceptos fundamentales de su postura filosófica ante la vida. Néstor Pasquini entrecerró los ojos y buscó en el asiento una postura que le permitiera concentrarse mejor, pero al rato se dio cuenta de que para tomar notas era necesario tener los ojos abiertos. Y para permanecer despierto, también.

Mientras el disertante hablaba, Néstor se dedicaba a dos actividades simultáneas. Una era tomar apuntes, tratando de abreviar las palabras y de ser lo más sintético posible para que la tinta le durara hasta el final de la conferencia. Y la otra era batallar contra el sueño, que hacía que los párpados se le bajaran con insistencia, como una cortina metálica a la hora de cerrar, que la cabeza le pesara más de lo que el cuello parecía ser capaz de sostener y que su mente no alcanzara el máximo nivel de lucidez. Pero justamente por estar poco lúcido, advertía que su poca lucidez le pasaba inadvertida.

Néstor Pasquini suspiró con alivio cuando la conferencia llegó a su término. En cuanto volvió a su casa decidió que a pesar del sueño, que casi le impedía mantenerse en pie, era mejor pasar en limpio las notas lo antes posible, mientras todavía tuviera frescos los conceptos expuestos.

Al día siguiente, después de descansar todo lo que pudo, llevó al diario su reseña. El primer trabajo periodístico de su vida. Sentía una enorme satisfacción.

Pero Néstor Pasquini nunca supo que al descifrar las notas y redactar la reseña de la conferencia había alterado muchas de las palabras pronunciadas por el eminente Doctor José Sosgrandes.

Por ejemplo, en un momento el prestigioso filósofo había dicho: “Quien nada espera, de todo disfruta“, mientras que en la reseña presentada por Néstor se leía: “¿Qué es pera? Todo fruta”.

“Les brindo un pensamiento sugerente, no se apeguen al autoritarismo”, se transformó en “Brindo por el pensamiento de mi gerente, no le peguen al auto ni al turismo”.

“Al que piensa con exactitud, nada le falta” quedó como “Al que piensa con esa actitud, nada lo asfalta”.

“Hay ocasiones para tener en cuenta los comentarios de los demás, y otras para pasarlos por alto” quedó como: “Hay ocasiones para pasar la cuenta a los que comen de más, y otras para pasársela a los altos”.

“Aprendan todo lo posible, no dejen que se apague la sed que extienda los confines de la mente” se convirtió en “Prendan todo lo posible, no dejen que se apague la seda de los confites dementes”.

“Es bueno ser un observador sincero, ya que tiene una importancia crítica para la convivencia” quedó como: “Sean un observador sin cero, Jack tiene una importancia cítrica para la conveniencia”.

“¡Que se rían de mis palabras! Quien no da alegría poco puede enseñar” se transformó en “¿Qué sería de mis palabras? ¿Quién no da alergia? Paco se puede ensañar”.

Estas palabras del filósofo: “Quien tema los cambios, trate de hacerles frente, y el temor decrecerá hasta convertirse en un punto minúsculo” quedaron así: “¡Qué tema los cambios! Traten de hacer que se enfrente y el tumor crecerá hasta convertirse en una punta de músculos”.

Néstor Pasquini nunca llegó a saber por qué el director del diario lo recibió en su despacho con una gran sonrisa y le dijo:

—Lo felicito, Pasquín. Desde hoy queda usted a cargo de la sección “Humor”. Hace tiempo que estábamos necesitando a alguien como usted.



FIN


Del libro "Dejame ser la negra María y otros cuentos", Ediciones Abran Cancha


Visto y leído en:
EDAIC Varela (Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)
Texto © 2008 Adela Basch. Imagen © 2008 María Paula Dufour.
Publicado y distribuido en forma gratuita por Imaginaria y EducaRed.

★ Créditos: Garabatos sin © (Adaptación de Plantillas Blogger) ★ Ilustración LEER ©Sofía Escamilla Sevilla

“La lectura abre las puertas del mundo que te atreves a imaginar"
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